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Un adiós a las pantallas en el barrio

-Historia de los cines de Valladolid-

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Hay quien achaca la disminución de salas de cine vallisoletanas a los cambios tecnológicos y de hábitos de la sociedad: la proliferación de las televisiones a color en los hogares, la popularización de los videoclubs alrededor de los años 80 gracias a la adquisición generalizada de la población de sistemas de reproducción para las cintas VHS, el nacimiento de Internet en los 2000 que dio comienzo a la piratería y años más tarde a los servicios de streaming, y la evolución urbanística hacia la construcción de más supermercados y la concentración del ocio en los centros comerciales son a menudo señalados como los culpables del destierro de los cines de los barrios de Valladolid. 

Sin embargo, esto no siempre fue así. El periodista Óscar Estaire recoge en su artículo para El Español que “el pasatiempo favorito de los vallisoletanos, hasta bien entrada la década de los 80, era acudir cada fin de semana a disfrutar de las proyecciones de los últimos estrenos cinematográficos”.

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Entre los años 90 y principios de los 2000 la proliferación de grandes superficies comerciales en Valladolid provocó que sus cines de barrio fueran trasladados al extrarradio. Este cambio ha supuesto que en la actualidad apenas puedan encontrarse este tipo de negocios en el centro de la ciudad. Así, en el año 2017 sólo se contaban seis cines vallisoletanos en funcionamiento, entre los que suman un total de 56 salas de exhibición cinematográfica; cinco actualmente con el cierre de los Cinesa ubicados en el Centro Comercial Equinoccio en 2021. En contraste, la Guía Everest de la época recoge la existencia de catorce cines en Valladolid. Si nos remontamos más atrás, hay registros de que la ciudad tuvo alrededor de una treintena de negocios durante su etapa de mayor apogeo, fechada en los años 50.

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Cines Vistarama, cerrados en el año 2000. Foto sacada del Archivo Municipal de Valladolid

Fotografía de los Cines Avenida, ubicados en Paseo Zorrilla.

Fuente: Archivo Municipal de Valladolid

Este auge de las salas de proyección durante las décadas de los 50, 60 y 70 supuso para Valladolid la proliferación de los “cines de barrio” y de locales en las zonas más concurridas de la ciudad. En ese sentido, esta etapa rompe con la masificación cultural del centro urbanístico y acerca el cine a los hogares y a las familias trabajadoras. Fue durante estos primeros años que la ciudad vio nacer a dos de sus salas más emblemáticas: el Cine Delicias en la calle Carmelo y el Cinema Avenida en el Paseo Zorrilla, siendo este último el local más grande de la ciudad hasta el momento con sus 1.200 butacas. Ambos cines cerrarían sus negocios entre finales de los setenta y mediados de los ochenta debido a distintas causas.

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La apertura de nuevos negocios seguiría a la alza hasta entrada la década de los ochenta, en la que las cintas VHS formaban parte de la apuesta de ocio habitual de casi todo los vecinos con su consecuente inyección económica a los videoclubs. La posibilidad de alquilar películas para ser vistas por toda la familia desde la comodidad de su hogar, sin depender de los horarios de proyección de las salas tradicionales, convirtió a los videoclubs en los primeros “depredadores” de las salas. Durante esta década la inmensa mayoría de cines de barrio de Valladolid abandonaron el negocio y el sector entero entró en una decadencia de la que aún no ha conseguido huir.

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En el libro Arquitectura de cine los investigadores  Daniel Villalobos, Sara Pérez e Iván Rincón profundizan sobre los entresijos de esta época en Valladolid.

La estrategia de los negocios vallisoletanos que quedaron en pie en ese entonces pasó por dos decisiones: la diversificación y la expansión. Los cines comenzaron a ofertar contenido erótico y pornográfico en un intento de atraer clientela, lo cual no reportó los beneficios esperados. Por otro lado, se optó por la remodelación de los edificios para convertir los locales en “cines multisala” en los que se pudieran proyectar distintas películas a la vez para concentrar un mayor público. Esta segunda medida, aunque sirvió para mantener la viabilidad de los negocios, sólo pudo ser aplicada por aquellos cines situados en el centro de Valladolid que gozaban de mayores recursos económicos; provocando así que estos canibalizaran a los cines de barrio que terminaron por desaparecer casi por completo. Algunos cines surgieron aún así en las décadas de los ochenta y noventa gracias a una apuesta por el “cine alternativo”, de autor y menos comercial, pero su número no pudo opacar al de los cierres masivos que se estaban produciendo.

El segundo golpe a las salas vallisoletanas, como se ha comentado, se produce con la edificación de grandes centros comerciales en el extrarradio durante la década de los 90 por la moda estadounidense de los malls (palabra de origen inglés para denominar los centros comerciales). Estas construcciones logran convertirse rápidamente en zonas de socialización y ocio que aglutinan durante los fines de semana a gran parte de la población y que, al contar desde su creación con salas de cine en su interior, concentran la mayor afluencia de espectadores. De los dos grandes centros comerciales inaugurados en 1998 en Valladolid, el Vallsur ubicado en el Paseo Zorrilla y el Parquesol Plaza en el barrio del que recibe su nombre, sólo el primero conserva sus Cines Yelmo en funcionamiento.

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Fotografía de la sala para niños "Ocine Kids" en Río Shopping.

Las salas del centro comercial Ocine Río Shopping, que fueron abiertas junto al propio complejo en el año 2012, parecen haber acabado con la competencia de los cines del resto de grandes superficies (a excepción del ya mencionado Vallsur). Por supuesto, el resto de factores explicados, como el cambio en los hábitos de consumo y el auge del cine en streaming, han jugado un papel igualmente vital en la pérdida de estos locales. Al final, la profunda decadencia de los negocios dedicados a la proyección de películas en Valladolid es el resultado de la suma de la propia competencia local y del avance tecnológico.

El 2020 supuso otro duro bache en la trayectoria del cine de barrio. La situación sanitaria, política y social derivada de la pandemia de la COVID-19 generó un parón total en la industria cinematográfica y en el funcionamiento de las salas de proyección cuyas consecuencias económicas se prolongarían en los años posteriores. En ese mismo año, además, el fallecimiento del entonces propietario de los Cines Casablanca provocaría su cierre (aunque serían adquiridos y reabiertos por Arturo Dueñas en 2022). Cines Broadway fue el primero en retomar su actividad tras la relajación de las medidas sanitarias, y el dueño de estos decidiría modificar el horario de las proyecciones para cumplir con la normativa vigente del toque de queda e intentar recuperar el aforo habitual.

El cierre de los cinesVíctor González
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Sin embargo, la pandemia se tradujo también en un cambio en los hábitos de los espectadores que potenció su consumo de plataformas digitales, acostumbrándonos aún más a la inmediatez y al menor costo del streaming frente a las salas de proyección convencionales. Durante el año en el que se produjo la fase más estricta del confinamiento, la empresa Netflix declaró un crecimiento del 13,6% en el número de suscriptores a su plataforma (alcanzando los 3,9 millones), mientras que las salas de cine vallisoletanas entraban en decadencia. Los datos no son mejores para la industria en el resto del territorio español: según un informe publicado en 2019 por la Federación de Cines Españoles (FECE), desde la entrada en el siglo XXI un cuarto de nuestros cines se han visto forzados a cesar su actividad por falta de rentabilidad.

Así, la situación de los cines de barrio en Valladolid en el 2023 nos deja con la cifra de únicamente cinco locales abiertos, como se puede comprobar en el mapa que hemos elaborado con la información ampliada accesible a día de hoy: Mapa histórico de los cines de Valladolid - Google My Maps

Esta situación no difiere mucho de la acaecida en el resto del país. La Federación de Exhibidores de Cines de España (FECE) ha declarado que las salas de cine están en un progresivo descenso desde hace varios años y que esto no se trata de una tendencia aislada. En el informe titulado Salas de Cine: datos y cifras publicado por esta federación se analizan los datos del cine en España con el objetivo de que no se cierren más salas en el país. Según este documento, más del 50% de la población española va al cine, y un 51% lo hace una vez al mes. Respecto a la fidelidad del público, el estudio revela que los menores de 25 representan a una parte importante de la clientela, un sector del público que mezcla la visualización de servicios de streaming con visitas al cine; mientras que resaltan a los mayores de 45 como la audiencia más fiel al cine. Así, la población más joven se define como el segmento más cinéfilo, mientras que las personas de más avanzada edad son la clientela más constante y habituada a acudir a los cines cercanos

Según los propios vallisoletanos, los cines han sufrido una gran decadencia debido a las innovaciones que han ido surgiendo a lo largo de los años, como los ya mencionados servicios de streaming o los DVDs. Algunos opinan además que el público general ha ido perdiendo cada vez más el interés por el cine tradicional, y prefieren en su lugar ver contenidos cortos o películas blockbuster. Como respuesta las salas de cine que continúan en funcionamiento en la ciudad declaran que han creado alternativas para poder atraer a más audiencia y evitar el cierre de los pocos locales que quedan en pie en Valladolid.

   Tenemos unos precios bastante económicos para intentar incentivar venir al cine

- Trabajador de los Casablanca

Iniciativas CasablancaVíctor González
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En los cines Casablanca, por ejemplo, un trabajador cuenta que existen varias iniciativas pensadas con el objetivo de incentivar al público para acudir a sus salas. Una de ellas es After Cinema, una actividad que busca que el público joven acuda más al cine con la proyección de una película y después una invitación a una cerveza. También en estos cines se organizan eventos como charlas con personas que trabajan en el mundo del cine, desde actores y directores hasta guionistas y expertos en cine; o espectáculos de danza a las puertas del local. 

En los cines Broadway y Manhattan, por otro lado, tienen la alternativa de precios especiales en varios casos, como el famoso día del espectador, descuentos para estudiantes y personas jubiladas, o eventos como cumpleaños; todo con el propósito compartido por todos estos negocios: atraer a la audiencia. Junto a estas iniciativas, ambos cines, que comparten dueño y por ello tienen promociones idénticas, proyectan documentales, eventos y ciclos de cine dirigidos a un público más específico ampliando su oferta de contenidos.

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Sobre el futuro...Víctor González
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Sin duda las salas de cine de Valladolid (y de toda España) han sufrido una gran crisis a pesar de ser una actividad común y habitual para una parte importante de la población. La aparición de varias posibilidades de ver películas en casa, una pandemia, varias crisis económicas y otros factores han perjudicado a la cultura cinematográfica española. El avance digital se ha impuesto con rapidez en todo el mundo, provocando que la producción y difusión de diversos contenidos de forma inmediata, cómoda y accesible desde prácticamente cualquier dispositivo inteligente han originado un problema para el cine tradicional. La forma en la que los ciudadanos entendemos el consumo de películas ha cambiado, y las salas de cine están siendo forzadas a reinventarse, adaptarse y hacer lo máximo posible para mantener viva la cultura de acudir al cine, incorporando iniciativas ingeniosas y atractivas para convencer a aquellos que quieran disfrutar de las películas en la gran pantalla de las ventajas que ofrece la experiencia de las salas frente a un televisor doméstico.

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Creado por Mayela de Castro, Sara Fernández, María García, Itziar Bodelón, Irene Alonso y Mario García

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